Actualmente en nuestras interacciones sociales, nuestros rostros suelen estar parapetados tras una mascarilla, lo que dificulta la comunicación entre candidatos, entrevistadores, alumnos, compañeros de trabajo…
Los gestos de nuestra cara y, más concretamente, los gestos de nuestra boca por sí mismos, nos ayudan a expresar cientos de emociones. Generalmente no somos conscientes de cómo nuestros gestos faciales cambian automáticamente según lo que sentimos en cada momento. Es un lenguaje adquirido que nos sirve para comunicarnos.
Ahora que las mascarillas nos privan de esta valiosa información, nos toca compensar esa pérdida con el lenguaje corporal (gestos con las manos o bien con todo el cuerpo). La expresión corporal es nuestra aliada en esta adaptación a una nueva forma de comunicarnos y ayudará a acompañar nuestro discurso las gesticulaciones de las manos que sean agradables y generen confianza.
En las entrevistas de trabajo, los candidatos suelen estar un tanto nerviosos por la situación en sí a la que se enfrentan y tranquilizarlos con un tono de voz y gestos amables ayuda a rebajar el nivel de ansiedad, aligera la propia tensión de candidato y facilita la comunicación entre éste y reclutador.
Aún queda mucho hasta que podamos mantener una conversación sin ningún elemento o barrera que dificulte la expresión y hasta que se nos permita tener una visión completa del rostro de la persona que tenemos enfrente. Mientras tanto, contamos con el lenguaje corporal de nuestra parte para compensar esta limitación.